
Por
ese claroscuro del descuido se me colaron los cansancios,
se
esfumó ese segundo, solo mío, entre las rendijas, a bocanadas,
cargando
la salida, dejándome quieta entre abismos.
Llegaron
tus lágrimas, pozos, despejando a cielo abierto, vías de amor,
llegaron
tus ojos de verdad, aflorando palabras sin bálsamos,
las
que ayudan, las que revelan aunque duelan, porque duelen,
porque
son comienzos.
Sellando
mis rendijas con abrazos, mostrando en el espejo de tu alma mi desvío, vuelvo a
recuperar mi segundo, el aire vuelve a mis sueños y a mis pasos la gratitud
inmensa de tenerte en mi vida.
Gracias,
gracias, gracias.