Ven
a respirar en mí, al eterno infinito y el calor de mi pecho. Acompasemos el
fluir de estos pasos en la arena. A flor de piel la mirada.
No
hay nada más.
Giremos
el día, que hoy siento prisión. El velo del vacío hiela la piel y el deber me
inunda de superficialidad y silencio. Ayúdame
a abandonar la trinchera por instantes, por una vez.
A dolerme en mi herida por
instantes, por una vez, a llorarla para poder sanarla. Ayúdame al consuelo y mi
perdón, siendo testigo.
No
hay nada más.
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