lunes, 8 de julio de 2019

Mis demonios desatados












No estaba preparada. 
Estaba dispuesta a la entrega, disponible, presente, cargadas las armas, ¡sí, señor¡ y dispuesta a continuar el combate…cuando la guerra se acabó. 

Por el resquicio de sentirme pequeña ante la muerte, se abrieron los infiernos del pasado, presente y venideros. Los demonios campan a sus anchas revolviendo el mundo, sembrando el caos, el deseo en resistencia con lo que es, la incapacidad del cinismo, la mentira y el aguantar. Se abrieron viejas hambres, viejos gritos, viejas cruces.

A la par del encendido navideño, al carro de deseos y reencuentros, de comienzos y finales, mis angustias lloriquean por mi alma, el sabor a despedida agría mi garganta llegando el grito de rabia que libera mis diablos, aquellos a los que creí vencer, aquellas viejas heridas del pasado sangrando y doliendo mientras el deber de seguir me insta a crear mi máscara;  bienvenida personajilla de paz y amor¡¡ …Menos mal que ya te tenía calada.

Y así, deseando con la intensidad del dolor, que se acabe el día, que se acabe el mundo; voy haciendo navidades y cumpliendo exigencias.

Los días se suceden y todo empeora, encerrada en la ira sabiendo de mi error, sin cambiar.

Sin embargo, logro observarme sin creerme, levantarme una vez caigo, encontrar la calma tras la desesperación, porque hay un candil encendido en mi interior, hay una experiencia, un conocimiento sobre la vida y sobre mí misma que ya nada ni nadie, ni yo misma que es mi mayor miedo, logrará apagar.

Todo el infierno está en mí, toda la pérdida soy yo. En mí empieza la guerra y la luz.