No
estaba preparada.
Estaba dispuesta a la entrega, disponible, presente, cargadas
las armas, ¡sí, señor¡ y dispuesta a continuar el combate…cuando la guerra se
acabó.
Por
el resquicio de sentirme pequeña ante la muerte, se abrieron los infiernos del
pasado, presente y venideros. Los demonios campan a sus anchas revolviendo el
mundo, sembrando el caos, el deseo en resistencia con lo que es, la incapacidad
del cinismo, la mentira y el aguantar. Se abrieron viejas hambres, viejos
gritos, viejas cruces.
A
la par del encendido navideño, al carro de deseos y reencuentros, de comienzos
y finales, mis angustias lloriquean por mi alma, el sabor a despedida agría mi
garganta llegando el grito de rabia que libera mis diablos, aquellos a los que
creí vencer, aquellas viejas heridas del pasado sangrando y doliendo mientras
el deber de seguir me insta a crear mi máscara; bienvenida personajilla de paz y amor¡¡ …Menos
mal que ya te tenía calada.
Y
así, deseando con la intensidad del dolor, que se acabe el día, que se acabe el
mundo; voy haciendo navidades y cumpliendo exigencias.
Los
días se suceden y todo empeora, encerrada en la ira sabiendo de mi error, sin
cambiar.
Sin
embargo, logro observarme sin creerme, levantarme una vez caigo, encontrar la
calma tras la desesperación, porque hay un candil encendido en mi interior, hay
una experiencia, un conocimiento sobre la vida y sobre mí misma que ya nada ni
nadie, ni yo misma que es mi mayor miedo, logrará apagar.
Todo
el infierno está en mí, toda la pérdida soy yo. En mí empieza la guerra y la
luz.

Pues fíjate... todo ha empeorado aún más.
ResponderEliminarSaludos.