Implica dejar
de dar voces como loca desde mi rostro mudo.
Implica cercenar las corazas de rabia, cerrar ventanas, o mejor, ¡abrirlas¡. Abrirlas para que el manto de la culpa se esfume lejos, hasta desintegrarse.
Implica besar el suelo otra vez, sujetarse las bragas y ponerse en pie echando el primer paso hacia mi propio derrumbe.
Implica apretar el culo, hacerse responsable de esa niña con miedo a la entrega, con miedo a perderse en otro, que me habitó por tantos años.
Dejar
espacio a la adulta que viene empuñando anuncios de lados salvajes, con aquel tarro de miel en
contención, desparramado por los suelos.
Ahora
quiero lamerlo a lengüetazos y no dejar nada por descubrir.
Ahora mi
lengua mojada en tu boca de miel.
Ahora,
sí quiero, perderme en la locura del otro.
Ahora
estoy aquí, dispuesta.
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