Un no ir de las manos entre las hojas, en otoño,
abre un hueco entre mis brazos que lleno entusiasmada de encuentro.
Me han crecido raíces nuevas, raicillas de conexión
en senderos mágicos de entendimiento. Me brotan manos en el corazón en
expansión continua. Cual Jacaranda gloriosa, me han florecido ternuras
insolentes por todo el cuerpo; rebeldemente alegres, llenando de besos mi
calma, llenando de vida mi risa, mis ojos de amor.
Ahora, mis intencionados mutismos son
espacios infinitos donde ser y recibirnos. Se llenan los sueños de aromas y
frutos. Se llenan los sueños.


