domingo, 26 de abril de 2020









Trenzo mis hilos de plata con restos de pasado reciente, huellas de búsqueda infructuosa, con sabor a mastranzo y ecos de libertad.

Nada real, nada verdad, nada cercano. Pretendiendo encontrar escondiendo, ocultando lo que nacía de mí, negando, viciando mi esencia tan genuina como desconocida. Sobreviviendo desde el miedo, desde la carencia, desde el deseo, que no es más que ese agujero infinito, insalvable, imposible de llenar, que escuece, urge y no da tregua, constante, insultante, invencible.

Sin conciencia de mi estado durmiente, soñando con soñar y abriendo los ojos al propio sueño de estar soñando. Nada más lejos de mí.

Y al fin, hoy, voy trenzando en mi cabeza mi luz y mis sombras, dejando de intentar. Siendo. Abrazando este presente junto a rescoldos del incendio, cubriendo ese espacio insalvable entre la mujer que soy y la que siempre fui.




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