Trenzo
mis hilos de plata con restos de pasado reciente, huellas de búsqueda
infructuosa, con sabor a mastranzo y ecos de libertad.
Nada
real, nada verdad, nada cercano. Pretendiendo encontrar escondiendo, ocultando
lo que nacía de mí, negando, viciando mi esencia tan genuina como desconocida. Sobreviviendo
desde el miedo, desde la carencia, desde el deseo, que no es más que ese
agujero infinito, insalvable, imposible de llenar, que escuece, urge y no da
tregua, constante, insultante, invencible.
Sin
conciencia de mi estado durmiente, soñando con soñar y abriendo los ojos al
propio sueño de estar soñando. Nada más lejos de mí.
Y
al fin, hoy, voy trenzando en mi cabeza mi luz y mis sombras, dejando de intentar.
Siendo. Abrazando este presente junto a rescoldos del incendio, cubriendo ese
espacio insalvable entre la mujer que soy y la que siempre fui.

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