Gracias a ti, cariño, tú me hiciste madre.
Gracias por procurarme los aprendizajes más importantes
a través de tus valores y tu esencia.
El amor incondicional: “te quiero porque eres
mi madre”.
El sentido de la felicidad: “soy feliz porque
existo”.
El poder del perdón, la disculpa, el
agradecimiento y el abrazo.
Gracias por tu verdad sin juicio: “pues la
verdad, es que no te he echado de menos hoy”.
Gracias por la autenticidad y la ingenuidad: “no
quiero una madre viejita”. Gracias por estos once años de maternidad constante,
de ensayo y error, de risas y esperas, de juegos y cansancios, de incertidumbre
e ilusiones.
Gracias a ti nunca llegué a abandonar del
todo, fuiste mi luz incansable y tierna. Volvimos a empezar
Gracias por enseñarme a ver más allá de mis
propias hambres, por no cejar, ni por un instante, de ser hijo, por tu
compromiso con la vida.
Gracias a ti, aprendí que soy ejemplo y que
te costará menos vivir con sentido si doy sentido a mi vida.
Gracias por enseñarme las palabras justas y
las miradas silenciosas.
Gracias
a ti despertó mi amor dormido.
Gracias por ser libre, honesto y divertido,
esa es la declaración de mi ser esencial. No es casualidad.

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